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Actualitzat 2:07 PM CET, Nov 19, 2017

Laicismo y libertad

  • Escrit per  Daniel Rubio Ruiz.Regidor de Cs Lleida
  • Publicat a Opinions
La Semana Santa es una manifestación religiosa y cultural que como puede observarse año tras año está creciendo en nuestro país tanto en participantes activos de las procesiones y otros actos como espectadores que asisten bajo diversas motivaciones. La religiosa, evidentemente es una de ellas, pero no la única. Este acontecimiento anual es un testimonio de una cultura ancestral pero también actualizada, no olvidemos esta característica ya que eso demuestra, entre otros aspectos, su popularidad. En este sentido cabe señalar la participación de jóvenes de edades muy tempranas y especialmente de mujeres de todas las edades. Esta feminización de cofradías y procesiones es un activo de modernidad, normalidad y democracia en actos de este tipo y todo ello dentro de las normas cívicas, la libertad de creencias y el respeto que en toda sociedad democrática debe prevalecer.
 
El pasado año se presentó en un pleno del Ayuntamiento de Lleida una moción de la Crida-CUP para acabar con la tradición que existe en la ciudad por la cual asisten el alcalde y los concejales que así lo decidan libremente y por invitación de los convocantes a esos actos de forma oficial. Dicha moción fue presentada con unas motivaciones laicistas mal entendidas, y denotando al mismo tiempo un anticlericalismo ya trasnochado. Fue rechazada por el voto mayoritario de los grupos municipales, entre ellos el partido al cual represento, Ciutadans. Nuestro argumento se basó en la libertad que cada concejal o corporación tiene para asistir a este acontecimiento y cualquier otro que no traspase los límites de un Estado de Derecho. Ciudadanos lleva en el ideario el laicismo como uno de sus puntos programáticos, un laicismo en positivo, dentro de la libertad y de nuestro orden constitucional. La enseñanza debe ser laica admitiendo también la libertad de los padres a elegir una enseñanza religiosa que respete los derechos humanos y la democracia en la que estamos instalados. En el mismo sentido estamos a favor de cualquier manifestación religiosa que no contravenga los principios de convivencia antes citados, así como la libertad de asistencia de cargos públicos. Es decir, todo gira en torno a esa preciada condición que debe tener cualquier comunidad humana, una libertad inalienable consagrada en los Carta de Derechos Humanos de la ONU y las constituciones democráticas de nuestro entorno.
 
En relación a este tema se ha vuelto a suscitar la polémica, para ciertos grupos políticos, de la participación en algunas procesiones de la Legión española acudiendo una vez más al laicismo y al pacifismo cuando no al antimilitarismo. Sin entrar en polémicas bizantinas sería necesario conocer algunos aspectos de este cuerpo de élite. La Legión fue creada en 1920 a instancias del gobierno para formar una unidad de choque bien preparada y entrenada para la Guerra de Marruecos, como ya se había hecho en 1831 Francia. El motivo esencial de ello fue reducir en lo posible las numerosas bajas de soldados de reemplazo que se producían en este largo conflicto colonial al pasar a primer plano de batalla estos nuevos efectivos militares. La trayectoria de los Tercios hasta hoy día ha seguido la del resto del ejército español. En la actualidad la Legión sigue siendo un cuerpo de élite preparado para hacer frente a cualquier eventualidad militar o catastrófica. Pero hay que remarcar que, como el resto de nuestros militares, está bajo las órdenes de gobiernos democráticos, y realizan numerosas acciones de mantenimiento de la paz allí donde por mandato de la ONU es necesario. Los Tercios son una garantía de paz y seguridad para muchas poblaciones en conflicto. Su presencia es evidentemente militar porque se encuentran en territorios donde hay guerra o una paz difícil y pueden y deben repeler posibles ataques a poblaciones civiles. En este contexto hay que entender a la Legión. Y en el contexto de la libertad de un país democrático como España hay que entender su participación en actos públicos si así se le demanda y si así lo consideran oportuno las autoridades políticas. Laicismo sí, libertad también.
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